Encuentra tu especialista


enfermedad de alzheimer

Cómo detectar los inicios de la enfermedad de Alzheimer

El Alzheimer es la forma más frecuente de demencia en la que intervienen tanto factores ambientales como genéticos. Las consecuencias de la enfermedad son importantes, por lo que, conforme nos hacemos mayores, detectamos pérdidas de nuestras capacidades y nos cubre la duda de si seremos el próximo candidato a padecer la enfermedad.

Analizaremos algunas de las capacidades que se van perdiendo con la edad, para poder discernir entre las alteraciones propias de la edad y los primeros signos y síntomas de la enfermedad.

La pérdida de memoria, que afecta a la mayoría de las personas mayores, es una de las más conocidas, pero solo cuando interfiere con el día a día del sujeto, cuando condiciona su vida cotidiana. Puede ser un signo inicial de la enfermedad, pero afecta sobre todo a la memoria reciente, lo aprendido recientemente (direcciones, teléfonos, fechas, etc.), requiriendo de sistemas de ayuda y asistencia de las personas que le rodean. El paso de los años también afecta a la memoria, pero el dato buscado puede recordarse al cabo de un rato.

Pérdida de la capacidad de decidir ante un problema sencillo que, anteriormente, era resuelto con suficiencia. Se pierde la habilidad de seguir una serie de indicaciones o instrucciones para abordar una determinada situación, como gestionar facturas, cuentas bancarias, recetas de cocina, preparación de mezclas, etc. No puede hacer normalmente las labores del día a día. Un ejemplo típico es ser incapaz de participar en juegos y pasatiempos en los que antes participaba.

Pueden aparecer dificultades con la lectura, el reconocimiento de imágenes, el cálculo de distancias, etc., no derivadas de perdidas visuales, sino de la integración y elaboración neurológica de lo observado, su reconocimiento y análisis.

El abandono personal y del hogar es otro síntoma frecuente, el aseo personal, el cuidado de las uñas, la organización del hogar, etc.

Otro ejemplo importante es la desorientación temporoespacial, es decir, ser incapaz de recordar el día del mes, el mes, el año de un evento familiar que antes se recordaba perfectamente; o no saber dónde se encuentra ubicado físicamente. Ser incapaz de volver a su domicilio tras la compra cotidiana, etc. Los mayores pueden tener algunos de estos síntomas de forma puntual, pero recordando y corrigiendo esto enseguida. Puede haber una incapacidad de reubicar los objetos a su sitio normal, olvidar lo que han hecho, y llegar a acusar a familiares y cuidadores de robo.

Dificultades en la interacción social por incapacidad de mantener una conversación coherente, verbal o por escrito, bien por “pérdida del hilo” de la conversación o por reiteración de una misma idea, sin ser consciente que ya ha sido expuesta. En ocasiones se produce pérdida de vocabulario, requiriendo hacer una descripción para explicar algún objeto de uso cotidiano (en vez de “calefactor” utilizar “el trasto que echa aire caliente”).

Se pierde el buen criterio y juicio, permitiendo la entrada de extraños en su casa, dando dinero a personas desconocidas, no oponiéndose a situaciones ante las que una persona normal se negaría.

Se produce un claro aumento de la dependencia de los familiares, al no ser capaz de ocupar el tiempo libre, y desconectarse de la lectura, la televisión, la asistencia e interacción con los compañeros en los Centros de Día, etc. Deja de colaborar con los familiares y amigos.

Es normal que las personas mayores vayan desarrollando una forma personal de hacer la cosas, y los cambios las pueden descolocar; pero en la enfermedad de Alzheimer hay un aumento muy importante en la fragilidad del humor y de la personalidad; de manera que cambios menores (como un viaje, vacaciones, visitas, etc.) les pueden confundir, desorientar, deprimir y disparar el miedo y la ansiedad.

David Martínez

Médico. Profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Colaborador de Opensalud

Si te ha gustado este artículo, compártelo en tus redes sociales